miércoles, 30 de enero de 2013

EL PRD EN EL PASADO


ANTONIO GARABITO


El partido Revolucionario Dominicano, organización política que fue fundada en Enero del año 1939 por un puñado de dominicanos exiliados en Cuba, ha sido objeto de varias crisis internas, algunas de las cuales han terminado con fraccionamientos que han impedido que dicha organización cumpla con el objetivo primario de cualquier partido político; que es la toma del poder.
En la era democrática, es decir después del derrocamiento de la tiranía de Trujillo, el partido blanco ha sufrido tres grandes divisiones; la primera se produjo en diciembre del año 1973, la cual trajo como consecuencia la salida de sus filas de quien fuera uno sus fundadores y líder fundamental en la época, el Profesor Juan Bosch. En el 1988 se produjo otra gran división con la salida del Licenciado Jacobo Majluta, figura que había jugado roles importantes en la vida de esa organización y en la administración pública, debido a que había sido Senador de la República y presidente del Senado, vicepresidente de la República y Candidato presidencial de dicho partido en año 1986; mientras que en el año 2003 se produjo la última gran división del partido blanco, con la salida de sus filas de una de sus figuras más emblemáticas, el Licenciado Hatuey Decamps Jiménez, a la sazón presidente del partido de Peña Gómez.
Todas y cada una de esas divisiones han dado al traste con las posibilidades de éxito en diferentes coyunturas electorales para ese partido; la división del 1973 produjo un gran debilitamiento que impidió participar con éxito en las elecciones de 1974, puesto que el referido fraccionamiento se produjo a la puerta de dicho proceso electoral; la división de 1988, fue resultado de la crisis que se generó con los resultados de la convención del año 1985, en la que participaron Jacobo Majluta y Peña Gómez, que a su vez provocó la derrota del año 1986 y consecuentemente la salida del poder del partido de “la esperanza nacional”. La división del año 2003 contribuyó a la derrota del 2004 y a la salida del poder en condiciones deplorables del partido.
En la actualidad, el legendario PRD, el partido “más democrático del país” se encuentra inmerso en otra crisis interna que lo tiene a la puerta de otra gran división; crisis que ya imposibilitó que dicha organización catalizara las aspiraciones de amplios segmentos de la sociedad dominicana de producir un cambio del equipo de hombres y mujeres que estaba al frente de la cosa pública; hastiado de un gobierno de simuladores y disimuladores que arrabalizaron la administración pública, provocándole una daño moral y económico a la sociedad de consecuencias insospechadas.
No hay que ser un gran analista para concluir en el hecho cierto de que el liderazgo del PRD ha sido históricamente incapaz de ubicar sus posiciones y ambiciones personales por debajo de las aspiraciones colectivas del partido y del pueblo dominicano. Con la agravante de que ese liderazgo no ha logrado aprender la lesión de esa historia nefasta, lo que indica claramente que no ha evolucionado políticamente, ni generacionalmente. Es curioso observar que figuras que hoy son partes importantes de la actual crisis, jugaron también roles importantes en las crisis y divisiones del 1973, en la del 1988 y en la del 2003; razón por la cual en la comedia del PRD de hoy solo ha cambiado el tiempo, pero el escenario es el mismo y con iguales actores, lo que da lugar a que los errores sean los mismos.
No ha entendido ese viejo liderazgo que la sociedad cambió, que las circunstancias cambiaron, que las necesidades cambiaron, que los problemas son otros. Hoy la violencia no es ideológica, no es del gobierno contra el pueblo; es de la sociedad en contra de la sociedad. Hoy la tecnología rompió con el monopolio de la información y el PRD se queda sin respuestas.
Ese no es el partido que la sociedad de hoy quiere y necesita; esa sociedad que ha visto crecer su clase media, que tiene acceso a la información, que quiere un partido que tenga la capacidad de organizarse de forma tal que pueda renovar su liderazgo sin traumas; un partido que pueda darle respuesta satisfactoria a los grandes males que afectan la sociedad, que pueda parir un liderazgo con mas visión y menos ambición, un liderazgo tolerante ante el talento de sus compañeros y que se torne elástico en las confrontaciones, a los fines de procurar salidas inteligentes y sobre todo un liderazgo con la capacidad de cohabitar.
El Autor es SECRETARIO GENERAL DEL PRD en Cabral, Barahona, R.D.
 

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