jueves, 31 de julio de 2014

La legalización de las Drogas

Por Mabel Feliz Báez
En días pasados leí en el periódico Listín Diario un artículo del periodista Oscar Medina titulado “La laxitud americana”, lo que me motivó a escribir sobre el presente tema.

Durante mi permanencia como presidenta del Consejo Nacional de Drogas participé en varias plenarias de la Oficina de Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito, y de la Comisión Interamericana Para el Control del Abuso de Drogas (dependencias de la ONU y la OEA, respectivamente), relativas a la problemática de las drogas y de cómo los Estados deben crear estrategias de reducción de la demanda y la oferta, bajo los principios de integridad y responsabilidad compartida.

En los últimos años se ha intensificado un movimiento global con la idea de legalizar el consumo de drogas, aparentemente con la intención de resolver esa problemática. Para eso argumentan que con la legalización se acabaría con el tráfico ilegal de estupefacientes y el problema de la adicción sería controlable; además sustentan que reduciría el poder del narcotráfico, basados en que la prohibición es la que genera la delincuencia, y ponen como ejemplo el auge de las mafias dedicadas al comercio clandestino del alcohol durante la ley seca en los Estados Unidos y su supuesta desaparición luego de ser abolida dicha ley.

La realidad proyectada de la referida disposición es totalmente falsa, ya que organizaciones ilegales pasaron a ser empresas legales, convirtiéndose en un gran negocio, cada día en crecimiento, no solo entre adultos y jóvenes, sino entre menores de edad, cuyos efectos han sido desbastadores para la salud, pues ha causado enfermedades directas, colaterales y accidentadas de diversas índoles (enfermedades pulmonares, violencia familiar, accidentes automovilísticos, entre otros), lo que sin duda es una muestra de lo que puede ocasionar el alcohol al individuo y a la sociedad.

La Organización Mundial de la Salud suministra estadísticas que expresan que el consumo de alcohol y tabaco son las principales causas de muerte en el mundo. Si esto ocurre con el alcohol y el tabaco, imaginemos qué pasaría con la legalización de drogas prohibidas, cuya potencialización es mucho mayor, desaparecería el delito de narcotráfico y, por tanto, la droga consumida sería legal, pero la adicción no acabaría, por lo que los consumidores perderían la conciencia y la capacidad de razonar, sin calcular los costos de estos consumidores en las calles; tendríamos que cuidar no solo a los enfermos con males no electivos, con el rigor y celeridad debida, sino que tendríamos que cuidar a los enfermos que han elegido su enfermedad: la adicción a las drogas.

Detrás de la legalización hay “sectores” que argumentan que reduciría el poder del narcotráfico a un mínimo, fundamentados en que la prohibición es lo que genera la delincuencia y apoyan la irrestricta libertad individual, haciendo honor a César Lombroso sobre su teoría del libre albedrío del infractor, esto es, que cada uno es libre de drogarse si con ello no afecta a terceros, pero resulta que no vivimos aislados, somos entes sociales, vivimos en sociedad, por tanto, si una persona reduce su capacidad mental y deteriora su organismo, ya está afectando a la sociedad.

Ahora bien, los que abogan por la legalización de las drogas, ¿han analizado el carácter biopsicosocial, económico, político e institucional de los países no desarrollados?, ¿cuentan estos con las estructuras referentes a presupuestos, sistema de salud primaria, personal calificado, para desarrollar plataformas de experimentos que permitan la legalización del consumo de estupefacientes? Los Estados no deben sucumbir frente al poderío de los narcotraficantes, el hecho de que esa actividad ilícita es difícil de controlar, no significa que deban conformarse y dejarla fluir libremente.

¿Acaso crímenes como el homicidio, trata de personas, tráfico de armas, lavado de activos, entre otros, también deberían legalizarse por el simple hecho de que son inevitables y por tanto no hay otra opción? Despenalizar el consumo de drogas es como si los Estados renunciaran a su responsabilidad de garantizarles a los ciudadanos el derecho a la salud.

La posición de la República Dominicana es de cero tolerancia, el país cuenta con estrategias de reducción de la demanda y de la oferta que se enmarcan dentro del Plan Estratégico sobre Drogas, bajo los principios de integridad y responsabilidad compartida.


De ahí que la mejor respuesta a los que quieren la legalización es uno de nuestros slogans del Consejo Nacional de Drogas: “Las drogas son ilegales porque son dañinas, no son dañinas por ser ilegales”.

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